En las esquinas espian tus sueños,
buscando que amanezca mi corazon.
Esperan un paso a tus manos, pintando mis calle para que me sienta mejor.
En la catedral de mi parque se encienden las velas de tu voz y viajan sus luces a abrazan mi abitación, como luciernagas benditas que sonrien a mi dolor.
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