Yo aquí, pensaba mil cosas,
tu allá, hacías quien sabe que otras.
Yo mando en un velero lo que pesa,
Tu pesas lo que pasa y te lo apresas.
Una sola lluvia de hojas secas,
un baile de nuestros sueños que se pintan de naranja.
De pasos largos eran nuestras huellas,
hasta que llego la noche y nos puso a contar estrellas,
sin saber, sin saber, que pronto se cubrirían por nubes viejas.
Ahora las mañanas me quitan de la piel la sal,
de los labios tu sombra, que aun solía pasear.
Me vuelve libre el aceptarme errada,
El bajar la espada cansada y dejarle a mi fe la batalla.
Con vientos que me devuelven la risa,
voy a paso sin prisa, a cerrar la herida, a conquistar me la vida.
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