La casa de muñecas, el espacio del sueño,
allí dormian despiertas las princesas pintandose las palmas,
cantando la ronda, jugando ser de colores.
De pequeñas a grandes con pasos gigantes,
con el tiempo en los pies dejaron sus bailes.
Con el mundo ante su espejo susupiraron sus miedos,
evocaron el recuerdo y dieron luz a lo adverzo.
Regresemos por los senderos azucarados a darnos una mano,
a encontrarnos de nuevo.
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